Por Efraín Vega Pérez
En Sinaloa, 2025 ha dejado una verdad incómoda para MORENA, dice que “gobierna” nuestro Estado, pero la realidad los ha rebasado; el partido que llegó prometiendo un cambio profundo y la solución inmediata a todos los problemas, enfrenta hoy el desgaste natural del poder, que se ha acelerado con sus propias contradicciones, sus pésimos resultados y con la mala imagen del gobernador.
El gobierno de Rubén Rocha Moya se encuentra en su cuarto año, podríamos decir que con el respaldo institucional intacto, pero con una legitimidad cada vez más erosionada.
Nadie olvida, como el gobernador menos aprobado de México, ha ido eliminado a morenistas que le estorban, fracturando a su propio partido, recientemente a Gerardo Vargas Landeros, pero antes al químico Benítez y al abogado Estrada Ferreiro, y el más letal, al Maestro Cuen Ojeda, quien no fue Morenista, pero que en su momento fue su aliado para llegar al poder.
La narrativa de la Cuarta Transformación sigue presente en el discurso en Sinaloa, pero en los hechos, el estado vive uno de sus momentos más complejos en materia de seguridad y gobernabilidad, un Estado bañado de sangre. Lo que comprueba, que una cosa es ganar elecciones y otra muy distinta es saber gobernar en la realidad, y la realidad sinaloense no está cooperando con Morena.
La violencia en nuestro Estado, aunque quisieron justificar mil veces como una herencia del pasado, y a pesar de que se resisten en aceptarlo, es una responsabilidad política actual y directa.
Todos hemos sido testigos de la estrategia oficial, que consiste en minimizar la crisis, justificarla como fenómeno social heredado, dar números manipulados y hacer burdas comparaciones, con la esperanza de cambiar la percepción ciudadana, con numerología convenientemente a la baja y con ello tratar de refrendar el éxito de una estrategia inexistente.
Cada semana trae su episodio, que obliga a explicar, matizar o pedir comprensión en las semaneras que nadie ve. El problema no es explicar, el problema es cuando explicar se vuelve la principal tarea del gobierno y la paciencia de los sinaloenses se agota.
Rubén Rocha Moya mejor cierra filas y se cobija en su partido, sabe que lo protegerá con los ojos cerrados, y resiste para dejar pasar el tiempo; su dudoso liderazgo que es insostenible, debilita a Morena en Sinaloa; cada crisis se enfrenta cual grabadora, repitiendo lo mismo, pero la realidad sigue imponiéndose al discurso y no hay que olvidar que 2025 ha sido un año donde la percepción de control del gobernador se ha ido diluyendo, incluso entre los mismos morenistas que antes defendían al gobierno con convicción, lo que se refleja en la popularidad por los suelos de un gobernador que no ha dado los resultados que el pueblo esperaba.
No es que la gente confíe plenamente en ellos, pero en política a veces el desgaste del que gobierna pesa más que la credibilidad del que crítica, y el PRI critica con severidad, su discurso ha sido más constante y articulado que el del resto de la oposición.





