Seis «refinerías» clandestinas de huachicol aseguradas en los últimos meses: Reynosa, Cadereyta y ahora San Luis Potosí, Hidalgo y Morelos.
Instalaciones industriales completas con tanques, tuberías y capacidad de refinación digna de una empresa formal.
Y en las seis, el mismo desenlace curioso: cero detenidos. Ni uno. Como si el combustible robado se refinara solo.
🟠 LA IRONÍA QUE YA NO SORPRENDE A NADIE
Hay que reconocerlo con la seriedad que merece el sarcasmo: construir una «refinería» clandestina no es armar un changarro en la cochera.
Requiere ingeniería, inversión, logística, protección para operar sin ser detectados durante meses o años, y —sobre todo— la certeza de que nadie va a tocarlos.
Eso no lo logra el crimen organizado solo con voluntad; lo logra con complicidad.
Y cuando la complicidad se repite en seis operativos distintos, en cinco estados distintos, bajo el mismo patrón de «mucho decomiso, ningún detenido», ya no es coincidencia: es método.
⚫ LAS PREGUNTAS QUE EL GOBIERNO FEDERAL Y ESTATAL NO PUEDEN RESPONDER
¿No hay capacidad en Pemex, en la SSPC ni en la Guardia Nacional para detener este fenómeno? Difícil de creer, cuando el mismo aparato de seguridad federal sí tiene capacidad para desplegar miles de elementos en otros operativos mediáticos.
¿O es que sí hay capacidad, pero falta la voluntad, porque detener a los responsables significaría tocar redes de protección que llegan más arriba de donde el discurso oficial está dispuesto a admitir?
La pregunta incómoda que México se hace en silencio es la que hoy formulamos en voz alta: ¿sigue la protección de políticos gobernantes?




