Por Dra. Cristina Martín Jiménez
Tras la caída de Nicolás Maduro asistimos a una transición tutelada. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ofrece diplomacia, libera presos y habla de “nueva etapa”. Está reconfigurando el régimen.
Aquí entra Donald Trump. Su discurso no es moral; es funcional. Acepta gestos. Administra tiempos. Dosifica presión. Concede oxígeno. Porque lo que interesa no es que Venezuela sea libre, sino que sea operativa: estable, negociable, reintegrable en los circuitos de energía, deuda y control regional.
Trump construye un relato: presenta concesiones forzadas como gestos de paz. Libera presos, habla de cooperación, anuncia reconstrucción. Y, al mismo tiempo, recuerda que tenía listos nuevos ataques y que la flota sigue en posición. El mensaje es simple: la calma depende de la obediencia.





