Por Enrique Guillermo Hernández 6/04/26
Si usted le cree a los titulares de esta mañana, probablemente piense que Estados Unidos acaba de firmar su capitulación en Medio Oriente.
La prensa internacional y los burócratas de salón se rasgan las vestiduras gritando que la retirada anunciada por Donald Trump es una derrota, un abandono histórico que deja el Estrecho de Ormuz a la deriva y la hegemonía occidental por el piso.
Pero la geopolítica real no se lee en los comunicados de prensa edulcorados ni se mastica en los cócteles diplomáticos; se negocia en los callejones oscuros y con el revólver arriba de la mesa.
Detrás del humo de los bombarderos B-2 y de la «Operación Furia Épica», hay una mecánica intrépida y brutal que nadie quiere confesar.
Empecemos por barrer la escenografía y las mentiras oficiales. El descabezamiento del régimen es un hecho.
La cúpula mística voló por los aires y el nuevo Líder Supremo es un monigote de cartón que no manda ni en su propia sombra. ¿Quién tiene los fierros entonces? Los sobrevivientes de la Guardia Revolucionaria.
Y es exactamente con ellos con quienes Washington está jugando al póker por debajo de la mesa.
Mientras en público el parlamento iraní y los voceros de los Pasdaran se llenan la boca jurando resistencia y negando cualquier pedido de cese al fuego, los teléfonos arden en privado.
Es el «Modelo Venezuela» aplicado a la persa: asfixiar al país, destruir su matriz militar y sentar a los que quedan vivos a firmar su propia sumisión.
Estados Unidos no quiere reconstruir Irán, ni empantanarse en otra ocupación eterna, ni clavar su bandera en las ruinas; quiere a una Guardia Revolucionaria castrada y convertida en administradora dócil de un país desangrado.
Las negaciones públicas de Teherán de estas horas son la misma pantomima que hacían los cubanos o los jerarcas chavistas antes de que el mundo entero se enterara de que ya habían transado.
Pero la verdadera obra maestra del cinismo en este tablero es la trampa que le acaban de tender a Europa.
En su discurso, el presidente estadounidense amenazó con salirse de la OTAN y le tiró el problema logístico de Ormuz por la cabeza a sus aliados.





