Por Pedro F. Rivas Gutiérrez
La muerte a quien le llega no le pesa pues no puede dañar lo que se olvida, por eso duele menos que la vida, viene solo una vez y no regresa.
La vida de un amigo, cuando cesa, renace en ave que veloz anida en el lugar preciso de la herida que permanece en la memoria presa.
Podrá entonces el ave en sus andanzas posarse en el pantano de la ausencia o volar sobre un mar de remembranzas.
La quietud es presión sobre la llaga, mientras que el vuelo aviva la querencia libera penas y el dolor apaga.
Por eso en vida importa, cada día, llenar el álbum de la convivencia con momentos de paz y de armonía.
29/12/23




