Con el frío y mi café, acechando en los resquicios de tantas puertas cerradas como personas hallé, tropecé con almas santas, hubo locas y sensatas, otras libres de prejuicios, sedentarias unas cuantas y algunas itinerantes.
Mirándolas por instantes, como al vuelo, sin pensar, con eso tuve bastante para percibir que todas tienen algo que contar.
Con tan rica variedad coseché lo no sembrado, recibí sin haber dado y aprendí de los demás. Es difícil de aceptar que, siendo tan diferentes, para Dios aquellas almas pudieran valer igual. Pero eso no me compete, ¿quién soy yo para juzgar?
PFRG–
Pedro F. Rivas Gutiérrez




