Por Pedro F. Rivas Gutiérrez
Las razones por las que se inició el movimiento en pro de las mujeres, a principios del siglo pasado, nos parecen lejanas y hasta cierto punto ajenas por haberse gestado en países de otro continente.
Sin embargo, cerramos los ojos a realidades más cercanas a nuestro tiempo y espacio. La primera vez que mi mamá tuvo el derecho de votar en una elección en mi país, ya era casada y con cinco hijos. En épocas no muy lejanas, las mujeres no podían ejercer el comercio sin el consentimiento de sus padres o sus maridos. Tampoco tenían acceso a la educación superior, se les consideraba poco capaces para procesar el conocimiento científico.
Es difícil que un hombre pueda opinar sobre el día internacional de la mujer, no solo por falta de capacidad natural para entender lo femenino, sino porque históricamente hemos sido un obstáculo para el desarrollo integral de las mujeres. Yo mismo, con una cultura machista clavada en el subconsciente, he causado agravios a mujeres tan cercanas como mis hermanas, mi esposa, mis hijas, condiscípulas, alumnas y compañeras de trabajo. Espero que algún día me perdonen.
Entiendo que no es día para felicitarlas sino para solidarizarse con su lucha por sus derechos como seres humanos agraviados por razón de su sexo. Tienen razón, ha de ser muy difícil vivir en una sociedad patriarcal, ser reducidas a papeles prefabricados, no poder acceder a puestos de trabajo o ganar menos que sus compañeros varones, poner el interés del rendimiento económico por encima de las leyes de la naturaleza, ser ignoradas, vejadas y asesinadas por un supuesto derecho de propiedad y preeminencia masculina, su lucha es válida.
Aunque confieso que no entiendo todo ni mi conciencia, tal vez equivocada, me permite solidarizarme con todo.
No comparto la idea de que la reclamación de un derecho se manifieste alterando el orden público y destruyendo bienes ajenos, sean públicos o privados, no me parece civilizado.
Y tampoco entiendo que abortar sea un derecho. He defendido públicamente la exclusión de responsabilidad en casos extremos como la violación. Pero de ahí a considerar que el aborto no es un acto delictivo sino el ejercicio de un derecho, hay un abismo de diferencia. Aunque la defensa propia es ciertamente una excluyente de responsabilidad penal, no concibo que pueda entenderse como tal el hecho de privar de la vida a un inocente, producto de una relación consentida, que ni es un agresor ni puede defenderse.
Por lo demás, en el día de la mujer les hago llegar mi admiración y afecto.
PFRG





