En lo dicho, apenas antier partíamos la rosca de reyes y pasado mañana será Navidad. O al menos eso parece. Ya empiezan a engalanarse los sitios públicos y los frentes de algunas casas particulares con los adornos y la iluminación propios de la época.
En el pasado reciente… bueno… el de mi infancia y juventud (que a mí me parece reciente), creo que no corría tan rápido el tiempo y algunas cosas no se hacían con tanta anticipación.
Por ejemplo, la iluminación en casas particulares se limitaba a la serie de foquitos del árbol de navidad y afuera nada, salvo la lamparita que se colocaba la noche del 8 de diciembre, que casi siempre era una veladora.
Tampoco se anticipaba tanto la colocación del árbol de navidad; bastaba con tenerlo listo junto con el nacimiento, para la primera posada el 16 de diciembre. Me refiero a las posadas aquellas de los rezos, los cantos, el arroz con leche y las piñatas en casa, no a las bachatas con orquesta y toda la cosa en clubes sociales (que también se ponían buenísimas, pero no eran gratis).
Algo que sí había que atender con anticipación, porque se enviaban por correo y eso llevaba tiempo, eran las tarjetas de felicitación. Chicas, medianas, grandes, sencillas o con paisajes desplegables, salían a la venta principalmente en papelerías.
Les ponías un mensaje breve con tu nombre en la parte de la tarjeta que lo permitía, la metías al sobre, le dabas un lengüetazo al timbre postal para pegarlo y la llevabas al buzón de correo.
Era casi una obligación enviarlas y un gusto enorme recibirlas. Terminaban adornando el árbol de Navidad y luego, a la basura. Aunque siempre hubo gente que las conservaba y las pasaba a la siguiente generación, que no sabían qué hacer con ellas. A quienes hayan heredado alguna colección, les sugiero una tienda de artículos vintage, puede ser un buen negocio.
Con la llegada del correo electrónico y luego de las redes sociales, las tarjetas fueron perdiendo terreno. ¡Ah! Y ya pocas hablan de la Navidad. De repente recibes un WhatsApp que dice: ¡Felices fiestas! Tqm. XOXO.
Por cierto, acabo de ver que algunos portales de ventas en línea ofrecen paquetes de tarjetas navideñas. Así como de niño se aprende preguntando, de viejo también.
¿Se siguen enviando tarjetas de felicitación por Navidad? Porque yo, que soy un despistado, hace años que no lo hago. ¿Ustedes sí?
PFRG–
Pedro F. Rivas Gutiérrez




