Por Pedro Rivas Gutiérrez
El día de Navidad habrá una tregua en las guerras, se inundarán las trincheras con cánticos de hermandad.
Pero luego, sin piedad, a la mañana siguiente aquel mismo contingente de villancico y breviario retornará al escenario de gente matando gente.
Así somos, de ocasión, festejar se vuelve historia que se guarda en la memoria pero no en el corazón.
Pasajera es la emoción que se pierde en el abismo cual efímero espejismo que el horizonte traspasa.
¿En cuántas familias pasa exactamente lo mismo?




