Si al leer el título pensaron que les hablaría de comercio internacional, de rodillas pido perdón por el engaño. No, no es mi intención recordar aquella época de oro de la zona libre de Chetumal, ni de los contenedores de ahora en el puerto de altura.
Me refiero a ciertos objetos y costumbres que se han ido integrando al “yucatecan way of life”. He ahí uno de ellos, el inglés por todos lados.
Hace mucho que andan por aquí los Santos Reyes. ¿Pues cómo no? Si hasta hay un templo dedicado a ellos y una ciudad entera, Tizimín, los presume, mantiene y defiende a capa y espada. (Aunque los genealogistas digan que los Reyes vienen de Izamal).
Pero de rosca de reyes, nada de nada. Eso de la rosca, como el pan de muerto para el tiempo de difuntos, son de importación.
Así también las piñatas de barro, aunque creo que hasta hoy no han tenido mucha demanda. Aquí somos bravos, rompemos las piñatas a puñetazos, no con palos. Creo que por eso las hacemos de papel.
Y ya que hablamos de fiestas, lo de “mordida, mordida” y la consiguiente babeada del pastel, no es del patio. Si ahora ya ni soplamos las velitas del pastel y por higiene se usan unos mecheros que se apagan solos, la erradicación de la mordida debería ser una norma oficial de salud.
Nuestra gastronomía se ha enriquecido con los tamales dulces envueltos en hoja de elote, los sopes y otras delicias que no ha mucho no había por aquí. Así también las carnitas, los tacos de cabeza y los de canasta, al menos por mi barrio no existían. Ya tenía bigote cuando apareció en mi ciudad la primera pizzería.
Es la ley de la vida, el crecimiento necesariamente genera el intercambio que —sin que trate de generar polémica con los puristas que piensan que todo lo de antes era mejor—, no siempre es para mal.
Por ejemplo y aunque se trate de algo que llegó antes de que yo naciera, no puedo dejar de agradecer a quienes trajeron al terruño la comida libanesa, manjar de dioses que merecidamente ha obtenido su carta de naturalización.
A muchas de las importaciones me he acostumbrado y las he adoptado como propias, me gustan. A algunas otras no me acostumbraré jamás, por ejemplo, a lo de la mordida del pastel, por si no lo habían notado. Terco que es uno.
No es mi intención agotar el tema, además no podría, es muy extenso. Ustedes, ¿cómo lo ven? ¿Qué productos de importación conocen y les gustan?
PFRG–
Pedro F. Rivas Gutiérrez




