*30 de abril de 2026*
*Por Enrique Guillermo Hernández*
Díganme anticuado, pero en mis tiempos uno iba a las urnas a elegir un candidato, no al revés.
Lo que está pasando en la «vidriera del mundo libre» me tiene más confundido que un tero en un garaje. Resulta que ahora, en Virginia y Florida, los políticos se pusieron el mameluco de agrimensores y empezaron a mover las líneas del campo para ver si la pelota entra siempre en el mismo arco de cara a las elecciones de noviembre.
Uno mira estas cosas y le viene un poquito de orgullo por nuestro paisito. Acá, si generamos una alcaldía nueva o movemos un límite departamental, por lo menos tratamos de que tenga un justificativo en la administración, en la descentralización o en que el pueblo creció y necesita su propia gestión.
Habrá acomodo político, no les digo que no, pero nos queda la decencia de buscar un beneficio para el ciudadano.
Allá no; allá la administración se la pasan por las partes. Es lisa y llanamente una cuestión electoral que ni siquiera intentan fundamentar en una mejora para la vida de la gente. Es el poder por el poder mismo, y las necesidades del vecino, bien gracias.
### *La bomba de Luisiana: El fallo que cambió el tablero*
Para entender por qué los republicanos hoy ríen y los demócratas lloran, hay que mirar lo que pasó ayer, miércoles 29 de abril, en la Corte Suprema nacional.
En un fallo de 6 a 3, el caso _Louisiana v. Callais_, los jueces tiraron abajo un mapa de Luisiana que tenía dos distritos de mayoría negra.
¿El argumento? Que crear distritos «a medida» basándose en la raza es un disparate inconstitucional. La Corte dijo que no podés andar separando a la gente por colores para «compensar» votos.
Ese fallo fue la señal de largada: le dio el permiso legal a los estados para disolver esos distritos protegidos y redibujar todo a su gusto.
### *El «Apartheid Positivo»: Racismo con moño de seda*
Acá es donde la cosa se pone escabrosa. Los demócratas andan con esa bandera de la «acción positiva», pero lo que están haciendo es un verdadero apartheid positivo.
Dicen que es para «incluir» y «proteger», pero al final del día es segregación pura y dura. Es querer pastorear a la gente por el color de la piel en vez de por las ideas o las necesidades reales de su comunidad.
¿Y saben qué es lo más catastrófico? Que hay minorías que lo aplauden, sin darse cuenta de que las están encerrando en un gueto político.
Al amontonar todos los votos de una raza en un solo distrito, les quitan influencia en el resto del estado.
El fallo de ayer sobre Luisiana les pinchó el globo: la igualdad ante la ley no entiende de cuotas de identidad ni de separaciones «por el bien del votante». El racismo, aunque le digan positivo, sigue siendo racismo.
*¿Qué se vota en estas «Midterms»?*



