Por: Jota Ce Ce
El día 18 de Enero llegó a su final la etapa de precampañas que dio inicio a finales del año pasado. ¡Gracias a Dios! Dirá más de uno, luego de un farragoso período en el que acudimos para presenciar el ungimiento de las candidatas a la presidencia de la República, al revoltijo que armó el partido Movimiento Ciudadano para elegir a un paler.. digo, a su candidato y que estallara el plano la devoción “sin compromisos” de las respectivas militancias.
Llega, afortunadamente, el período denominado “intercampañas” en el cual, por ley, debe acallarse el vocerío, se cierran a cero los decibeles: días en que debe imperar el silencio.
Lo único que se escucha es la voz del jefe de campaña de Claudia, la inerte, es Andrés el Inefable el que hace extender su palabra proponiendo no temas que afectan a la Nación sino, evidentemente, anexarle temas que debe agregar a su propuesta de gobierno la candidata de MORENA. ¿O es que acaso debemos entender de otra manera el caudal verbal que se empecina en recetarnos?
Cual si fuera a gobernar otros seis años (y no hay que dudar de eso) Andrés Manuel anuncia para el 5 de Febrero un paquete de iniciativas que aún sabiendo que no se las aprueben (no tiene mayoría en el congreso) hace así una apuesta para que cumpliéndose su llamado “plan B” (ganar la mayoría calificada en las elecciones), con Claudia se lleguen a concretar.
Sube aún más la apuesta: declara que irá por una iniciativa por la cual desaparezcan todos los organismos autónomos creados, algunos de ellos exigidos por su movimiento en su tiempo, y curiosamente entre ellos, de manera preponderante, se encuentras el Instituto Nacional de Acceso a la Información, el INAI por Andrés tan odiado porque, queremos suponer, al créalo (los conservadores” (Aka los molinos de viento) le dieron facultades para transparentar lo público. ¿Cómo así? ¿Atreverse a meter sus narices en la opacidad “transformadora”?
La intercampaña supone acallar el ruido de lo electoral pero ni silenciará al presidente, tan metido como está en la campaña de su candidata. Le seguirá marcando el rumbo y fijando los “cómos”, tiempo que servirá para estrechar aún más los lazos de dependencia, cual si se estuvieran estableciendo las pautas del pacto de impunidad que deberá prevalecer.
Tiempo para ajustar líneas con los gobernadores afines para comprometerlos a meterse en las campañas, no para estar atentos al cierre de un gobierno al que le restan meses. “De eso me encargo yo” parece decir y él sigue en lo suyo, desde su púlpito diario, señalando, denostando, acusando, mintiendo, que nunca es tarde para intentar darle la herencia de antemano a su eventual sucesora.
Al mismo tiempo, no se frena en su continuado esfuerzo de seguir polarizando, de fragmentar a la sociedad mexicana y colocar a cada segmento en su muy personal nivel de interés. Y como si fuera discípulo de Maquiavelo, negándolo todo. “No hay violencia, no hay inseguridad, no hay crisis económica, no hay problemas con la inmigración”. Es el México soñado, el que las mayorías soñaban y por el que los “conservadores” nunca trabajaron.
Es, como se diría en los corrillos de la oposición, “Pejelandia”, el Paraíso anhelado que en este 2024 debe cambiar de liderazgo y qué mejor, dirán los afines, que sea una réplica de Andrés… si no es que siga siendo Andrés mismo, aunque sea así de lejitos.




