Por: Enrique Guillermo Hernández
No se coman la pastilla de los titulares internacionales. Lo que se está cocinando a fuego lento en La Habana no es una «revolución 2.0», es un remate por cierre definitivo.
Y los que están manejando la caja registradora no son los viejos del Partido con sus guayaberas y sus discursos oxidados sobre el imperialismo. No, hermano. Los que están repartiéndose la torta visten de verde olivo, pero piensan en verde dólar.
Estamos viendo el inicio de la Perestroika a la cubana. Pero ojo al piojo: esto no es para darte libertad de prensa ni para que salgas a gritar a la plaza. Esto es una operación quirúrgica de la casta para salvar la plata antes de que el paciente se les muera en la camilla.
¿Quiénes son los dueños del boliche? (Entendiendo a GAESA)
Para entender la jugada, tenés que saber qué diablos es GAESA. Olvídate de Díaz-Canel; ese es el gerente de turno, el que pone la cara cuando se corta la luz. El poder real es el Grupo de Administración Empresarial S.A.
GAESA no es un ministerio, es un pulpo. Es el conglomerado militar que controla —y no te estoy exagerando— el 70% de la economía de la isla que vale algo. ¿Los hoteles de lujo? De ellos. ¿Las tiendas donde hay comida (en dólares, claro)? De ellos. ¿Las financieras, las importadoras? De ellos.
Son militares, sí, pero no de trinchera. Son ejecutivos con master en finanzas, disfrazados de soldados. Mientras la gente se mata por un pan en la bodega, los generales de GAESA están cerrando negocios con cadenas hoteleras europeas.
Ellos son el «Deep State» del Caribe. Y ya se dieron cuenta de una cosa: el comunismo, como negocio, es una ruina. Es un lastre que hay que soltar.
El Espejo Ruso: De la KGB al Yate en el Mediterráneo
Acá es donde la cosa se pone interesante. Lo que los generales cubanos están planeando es calcar el Modelo Ruso de los 90.
¿Se acuerdan de la URSS? Cuando se vino abajo, los jefes de la KGB y los directores de las fábricas no se fueron a la casa a llorar. Al contrario. Aprovecharon el relajo para quedarse con las empresas que ellos mismos dirigían. Se sacaron la chapa de «Camarada Director» y se pusieron la de «Señor CEO». Y así nacieron los oligarcas rusos.
Por eso, por abajo de la mesa, el mensaje es: «Muchachos, guarden la retórica comunista, abran el mercado, dejen entrar a nuestras empresas, y nosotros hacemos la vista gorda mientras ustedes se cambian de ropa».





