Año nuevo, vida nueva? ¡Ah, caray! Suena como milagroso, ¿no? Sin embargo, lo creemos a pie juntillas. Así hacemos nuestros propósitos de año nuevo.
Es como llegar al estadio y decir: “mi propósito es correr cien metros en menos de diez segundos”. Y así, solo porque es año nuevo, me lanzo a correr. Si no muero de un infarto a los quince segundos, faltando cincuenta metros para la meta, al menos habré aprendido una lección: el cumplimiento de un propósito requiere voluntad, entrenamiento y constancia, es decir, tiempo y disciplina.
Se nos olvida que el primero de enero, respecto del treinta y uno de diciembre, aunque haya cambiado el número del calendario, no es un año después, es apenas un día después. Es igualito que cualquier día del año respecto del anterior, son hoy y ayer.
No es que quiera quitarles la ilusión, al contrario, las ilusiones hay que alentarlas, siempre y cuando tengan la sensatez de convertirla en un ideal alcanzable. Lejos de mí está el deseo de impedir que corran los cien metros en menos de diez segundos. Solo sugiero que el primer día conozcan la pista, en los siguientes la recorran caminando, luego trotando, después vendrá el galope y a lo mejor logran la hazaña algún día… si reúnen la condición física y si son persistentes.
Me contaba mi padre (yo no alcancé a verlo), que hace muchos años, en las funciones de teatro regional, presentaban a un hombre como el más fuerte del mundo. Se quitaba la camisa y exhibía los bíceps ante la concurrencia, mientras el cómico principal mostraba un aro de metal que el hombre fuerte presuntamente doblaría. Luego el mismo cómico se colocaba detrás del hombre fuerte y, sin que este pudiera verlo, mostraba al público otro aro ya doblado, que era el que le colocaba en la parte interna del codo para que hiciera fuerza sobre el bíceps. El único que creía que realmente había doblado el aro era el fortachón.
A lo mejor, con un buen entrenamiento hubiera podido doblar el aro, pero estaba chévere ganar aplausos y risas con la pura ilusión. Como decía un tío mío que era sabio: gratis, hasta puñaladas.
Mi mejor deseo para ustedes es que no solo el primero de enero, sino cada día del año que empieza sea vida nueva, abonada paso a paso, sin perder de vista la meta, pero subiendo los peldaños uno a uno. ¡Salú!
PFRG–
Pedro F. Rivas Gutiérrez




