Por Pedro Rivas Gutiérrez
Este año el aguacate rebosa de flores. No es cualquier aguacate, es un árbol con historia, si fuera perro diría que con pedigrí. Proviene de una semilla que una vecina inolvidable le regaló a mi mamá hace muchos, muchos años. Cuando nos casamos, mi mamá hizo lo propio con mi esposa, de manera que la historia continuó. Produce unos aguacates grandes, alargados y deliciosos, de los que por aquí llamamos aguacates mantequilla.
Gracias a Dios y a mi esposa, en la casa hay patio que parece jardín y jardín que parece patio. Una de las cosas que admiro en mi mujer (hay muchas más), es su dedicación al patio-jardín y al jardín-patio. Riega a diario, elije las plantas de ornato, habla con ellas, con un resultado extraordinario y pleno de belleza.





