Por Pedro F. Rivas Gutiérrez
De Semana Santa pasó a semana mayor y luego a una parte de las vacaciones de primavera. Así que hoy no se habla de triste viernes santo sino de feliz viernes santo. Bueno, al menos mueve la economía con el turismo.
No es que sea especialmente conservador en materia de religión, al contrario, varios de mis amigos ya me excomulgaron por mis herejías.
Es una cuestión de respeto. Las enseñanzas de Jesús de Nazareth —no necesariamente las de las instituciones que se pelean su representación exclusiva— han marcado mi vida y en un día como hoy, hace más de dos mil años, fue crucificado. Entiendo la razón de la conmemoración, pero no encuentro el motivo del festejo. A los maestros y a los amigos no se les niegan una u otro, pero cada cosa en su momento.
De ninguna manera pretendo que todos piensen lo mismo, solo marco mi posición. Lo que sí deseo para todos (en su conmemoración o su festejo) es la paz.





